¿Y entonces... para cuándo?

Parece que los seres humanos somos expertos en postergar. Fanáticos de dejarnos olvidados para más adelante.

Nos esperanzamos de nuestras ilusiones mágicas infantiles y vivimos esperando nuevos vientos. Nos regodeamos con esos futuros inciertos que queremos controlar y que imaginamos perfectos. Mañana vendrán "mejores amores", "un mejor país", "mejores hijos", "mejores trabajos" y hasta "mejores versiones de nosotros mismos".

Cuando en el presente parece estar el tesoro, queremos bucearlo en mares que solo imaginamos.
Creamos ideas sobre lo que será, cuando el SER está hoy en nosotros.

Y así, postergamos nuestro SER dándole poder al miedo que nos aquieta.
"Será mañana" nos decimos para sugerirnos a nosotros mismos que "nos portemos bien", para calmar a ese niño inquieto que desde adentro busca AHORA lo que sabe que realmente es bueno para él. Y los niños saben, pero los escuchamos poco.

Y cuando la muerte nos roza parece querer despabilarnos. Nos abre la ventana para ver si esa ráfaga inesperada, nos sacude. Sino nos despierta la muerte, ¿qué lo logrará? Si el límite no nos contacta con nosotros mismos ¿qué sentido tiene? Parece que la muerte y la vida se llevan bien.

Mirar un mar sin sumergirse es de alguien que decide guardarse lo mejor para otro momento. Cuando hoy hay algo bueno y posible, preferimos seguir creyendo que su majestad la perfección vendrá a buscarnos para decirnos: "Viste que existía, que suerte que me esperaste".
Y ya sabemos como nos va en las rutas cuando esperamos que ese espejismo que vemos a lo lejos sea real.

¿Y entonces... para cuándo?

Sumerjámonos hoy, que por ahí mañana el mar ya no nos pertenece.

Saludos para todos

Matias Muñoz





  

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