Salirse de la huella
Hay momentos para permanecer estables pero otros para re inventarse.
Son momentos para dejar brotar ideas y deseos no reconocidos como propios todavía o que fueron dejados de lado por alguna circunstancia.
Son momentos para animarse a mirar esos proyectos que asoman con ese olor fresco que tiene la tierra recién mojada por el agua. Agua que permite que la vida nazca con cierta irreverencia, sin pedir permiso para ser.
Nace nuestra propia energía de vida en aquellos momentos en los que buscamos el crecimiento personal.
La originalidad en nosotros viene desde adentro, la da el deseo que siempre pide novedad, transformación y cambio de perspectiva.
Hay una rutina que da gozo pero otra que solo se siente vacía.
La rutina cuando es estereotipada y sin sentido, aburre y viene del miedo. Del miedo a lo que puede asomar sin forma conocida o del miedo al error o a peligros imaginados como posibles derrumbes personales. Algunos de nosotros hemos crecido con la creencia de que errar es peligroso, algo a evitar y no una experiencia de aprendizaje.
La repetición de actividades que nos deprime es la que se sostiene por un "deber hacer" que parece incuestionable pero que siempre tiene margen para ser transformado.
"No me queda otra", nos repetimos a nosotros mismos quizás para convencernos. Se siente una visión de túnel, de encierro, pero es un encierro que viene de los pensamientos.
La experiencia real es múltiple, tiene opciones, matices, posibilidades de aunque sea un mínimo margen de movimiento. Toda experiencia tiene rincones de libertad.
Por un lado entonces el miedo, por otro la desfachatez, la aventura y la fluidez del entusiasmo.
Cambiar implica animarse a salir de la huella y caminar por la incertidumbre. Ir por esa parte del camino no transitada, desconocida, que requiere esfuerzo y atención para no volver a esa huella que tranquiliza aunque se vivencia como monotonía que deprime.
La huella transitada da seguridad por ser previsible; ya fue recorrida por nosotros, sabemos de sus oscilaciones y surcos que ya nos resultan familiares.
El camino no recorrido frecuentemente da vértigo pero permite que un nuevo tiempo aparezca. El tiempo del ahora, de lo que soy hoy, no de lo que ya pasamos o recorrimos y repetimos.
Somos seres que fluimos en un presente que nos convoca al cambio. Cambio de actividad o cambio de mirada, cambio de vértice sea en la acción o en el pensamiento. Será en todos los casos un cambio emocional.
Son entonces momentos para bucear más en el entusiasmo que en el deber. El entusiasmo es una emoción poderosa, expansiva y contagiosa. Pero que debe ser buscada adentro de nosotros mismos. Queda a veces debajo de exigencias y expectativas de éxito en la que nos vamos embarcando en la vida. Obligaciones abrumadoras y auto impuestas.
Ser implica fluir y fluir dejarse asombrar por posibles inicios. Momentos de arranques.
Son estos momentos de mucho crecimiento si soltamos el miedo que paraliza, para ir hacia la fuerza del deseo que inicia.
Convivirán así en nuestro camino, momentos de estabilidad gozosa y momentos de transformación. Permanencia y movimiento.
Saludos para todos
Matías Muñoz
Son momentos para dejar brotar ideas y deseos no reconocidos como propios todavía o que fueron dejados de lado por alguna circunstancia.
Son momentos para animarse a mirar esos proyectos que asoman con ese olor fresco que tiene la tierra recién mojada por el agua. Agua que permite que la vida nazca con cierta irreverencia, sin pedir permiso para ser.
Nace nuestra propia energía de vida en aquellos momentos en los que buscamos el crecimiento personal.
La originalidad en nosotros viene desde adentro, la da el deseo que siempre pide novedad, transformación y cambio de perspectiva.
Hay una rutina que da gozo pero otra que solo se siente vacía.
La rutina cuando es estereotipada y sin sentido, aburre y viene del miedo. Del miedo a lo que puede asomar sin forma conocida o del miedo al error o a peligros imaginados como posibles derrumbes personales. Algunos de nosotros hemos crecido con la creencia de que errar es peligroso, algo a evitar y no una experiencia de aprendizaje.
La repetición de actividades que nos deprime es la que se sostiene por un "deber hacer" que parece incuestionable pero que siempre tiene margen para ser transformado.
"No me queda otra", nos repetimos a nosotros mismos quizás para convencernos. Se siente una visión de túnel, de encierro, pero es un encierro que viene de los pensamientos.
La experiencia real es múltiple, tiene opciones, matices, posibilidades de aunque sea un mínimo margen de movimiento. Toda experiencia tiene rincones de libertad.
Por un lado entonces el miedo, por otro la desfachatez, la aventura y la fluidez del entusiasmo.
Cambiar implica animarse a salir de la huella y caminar por la incertidumbre. Ir por esa parte del camino no transitada, desconocida, que requiere esfuerzo y atención para no volver a esa huella que tranquiliza aunque se vivencia como monotonía que deprime.
La huella transitada da seguridad por ser previsible; ya fue recorrida por nosotros, sabemos de sus oscilaciones y surcos que ya nos resultan familiares.
El camino no recorrido frecuentemente da vértigo pero permite que un nuevo tiempo aparezca. El tiempo del ahora, de lo que soy hoy, no de lo que ya pasamos o recorrimos y repetimos.
Somos seres que fluimos en un presente que nos convoca al cambio. Cambio de actividad o cambio de mirada, cambio de vértice sea en la acción o en el pensamiento. Será en todos los casos un cambio emocional.
Son entonces momentos para bucear más en el entusiasmo que en el deber. El entusiasmo es una emoción poderosa, expansiva y contagiosa. Pero que debe ser buscada adentro de nosotros mismos. Queda a veces debajo de exigencias y expectativas de éxito en la que nos vamos embarcando en la vida. Obligaciones abrumadoras y auto impuestas.
Ser implica fluir y fluir dejarse asombrar por posibles inicios. Momentos de arranques.
Son estos momentos de mucho crecimiento si soltamos el miedo que paraliza, para ir hacia la fuerza del deseo que inicia.
Convivirán así en nuestro camino, momentos de estabilidad gozosa y momentos de transformación. Permanencia y movimiento.
Saludos para todos
Matías Muñoz



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