¿Qué te aleja de la experiencia?
¿Para qué levantarnos a la mañana siguiendo el ritmo de la naturaleza?
¿Para qué intentar vivenciar ese día que se nos abre como una posibilidad?
Algo nos espera en cada momento, es eso no logrado, un camino inhóspito que todavía no transitamos.
Es lo nuevo, que podría entusiasmarnos si nos dejamos sumergir en la experiencia.
Somos seres con la capacidad de vivenciar el AHORA en toda su dimensión. Vivimos experiencias. Podemos bien instalarnos en el momento o desviarnos hacia otro tiempo u otro espacio alejándonos y perdiéndonos el presente.
Pero ¿qué nos aleja de la experiencia?
¿Qué nos dificulta estar presentes en este AHORA que nos pide conexión?
Podremos estar atravesados por distintos condicionantes, que al hacerlos conscientes, se nos abre la posibilidad de empezar a una tarea de transformación que nos facilitará estar presentes en el momento actual.
Miremos algunos de esos aspectos internos que nos alejan de sentirnos conectados:
¿Es el pasado? ¿Qué con su peso melancólico nos hunde en una idealización de lo vivido y nos impide aceptar el destino actual y disfrutarlo si es placentero o aprender de él, en el caso en que sea doloroso?
¿Es la mente? ¿Qué desbordada de ideas y pensamientos nos marea con sus dudas que nos paralizan? Pensamientos que nos inundan y nos dejan en el aire mental, sin permitirnos concretar.
¿Es el ego y su exigencia? ¿Qué no soporta asomarse a la posibilidad de un posible error y prefiere esa inercia del que no arriesga pero así se protege de "fallar" o de frustrarse?
¿Es una posición que adoptamos en la vida? Ese lugar de victima que nos pide esperar que el otro nos salve o nos condene a un dolor inútil pero que nos ayuda a no tomar conciencia de la responsabilidad sobre nuestra propia vida.
¿Son las propias certezas? ¿Qué con su implacable verdad no toleran la incertidumbre de lanzarse a lo no vivido ni se dan el lujo de hacerse preguntas ante esa realidad del momento que puede cuestionarnos?
Varias son las causas que nos alejan de la experiencia pero alto es el costo que pagamos por no adentrarnos en el momento presente.
¿Conectados o disociados? Así vivimos la vida, nuestro estado de animo responderá para mostramos nuestro estar actual.
El vacío, la ansiedad, la tristeza melancólica y el miedo son los estados anímicos que responden a sus majestades: el pasado y el futuro.Cuando no toleramos la nada, lo incompleto y aquello a recorrer, nuestras emociones nos comunican que un aspecto nuestro está desconectado y surgirán la tristeza y el vacío que vienen de la parálisis y la evitación.
Vivencias que surgen de una identidad disociada que actúa pero no siente, hace pero no experimenta, ve pero no mira, oye pero no escucha, toca pero no percibe.
En palabras de Antonio Porchia:
¿Para qué intentar vivenciar ese día que se nos abre como una posibilidad?
Algo nos espera en cada momento, es eso no logrado, un camino inhóspito que todavía no transitamos.
Es lo nuevo, que podría entusiasmarnos si nos dejamos sumergir en la experiencia.
Somos seres con la capacidad de vivenciar el AHORA en toda su dimensión. Vivimos experiencias. Podemos bien instalarnos en el momento o desviarnos hacia otro tiempo u otro espacio alejándonos y perdiéndonos el presente.
Pero ¿qué nos aleja de la experiencia?
¿Qué nos dificulta estar presentes en este AHORA que nos pide conexión?
Podremos estar atravesados por distintos condicionantes, que al hacerlos conscientes, se nos abre la posibilidad de empezar a una tarea de transformación que nos facilitará estar presentes en el momento actual.
Miremos algunos de esos aspectos internos que nos alejan de sentirnos conectados:
¿Es el pasado? ¿Qué con su peso melancólico nos hunde en una idealización de lo vivido y nos impide aceptar el destino actual y disfrutarlo si es placentero o aprender de él, en el caso en que sea doloroso?
¿Es la mente? ¿Qué desbordada de ideas y pensamientos nos marea con sus dudas que nos paralizan? Pensamientos que nos inundan y nos dejan en el aire mental, sin permitirnos concretar.
¿Es el ego y su exigencia? ¿Qué no soporta asomarse a la posibilidad de un posible error y prefiere esa inercia del que no arriesga pero así se protege de "fallar" o de frustrarse?
¿Es una posición que adoptamos en la vida? Ese lugar de victima que nos pide esperar que el otro nos salve o nos condene a un dolor inútil pero que nos ayuda a no tomar conciencia de la responsabilidad sobre nuestra propia vida.
¿Son las propias certezas? ¿Qué con su implacable verdad no toleran la incertidumbre de lanzarse a lo no vivido ni se dan el lujo de hacerse preguntas ante esa realidad del momento que puede cuestionarnos?
Varias son las causas que nos alejan de la experiencia pero alto es el costo que pagamos por no adentrarnos en el momento presente.
¿Conectados o disociados? Así vivimos la vida, nuestro estado de animo responderá para mostramos nuestro estar actual.
El vacío, la ansiedad, la tristeza melancólica y el miedo son los estados anímicos que responden a sus majestades: el pasado y el futuro.Cuando no toleramos la nada, lo incompleto y aquello a recorrer, nuestras emociones nos comunican que un aspecto nuestro está desconectado y surgirán la tristeza y el vacío que vienen de la parálisis y la evitación.
En palabras de Antonio Porchia:
"Cuando todo esta hecho
las mañanas son tristes"
Antonio Porchia
¿Qué tenemos que aprender entonces para lograr estar presentes? ¿Soltar el pasado? ¿Dejar que el futuro se construya hoy? ¿Dejar pasar los pensamientos? ¿Bajar nuestra propia exigencia de perfección? ¿Ser protagonistas de nuestro propio destino y aceptarlo? ¿Tolerar la incertidumbre y animarnos a hacernos preguntas a partir de la curiosidad que nos ayuda a investigar el mundo?
Con la esperanza de que podamos sumergirnos en la experiencia, con la inocencia de este niño de la foto que adunto que corre hacia el agua siguiendo sus deseos,
Un saludo para todos!
Matias Muñoz


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