Sobre el propio sonido


En estos días una alumna compartió en una clase este relato sobre una tribu y su particular ritual. Lo comparto junto con algunos comentarios.

Relato:

Existe una tribu en África, donde la fecha de nacimiento de un niño no se toma como el día en que nació, ni como el momento en que fue concebido, sino como el día en que ese niño fue "pensado" por su madre.

Cuando una mujer decide tener un hijo, se sienta sola bajo un árbol y se concentra hasta escuchar la canción del niño que quiere nacer.

Luego de escucharla, regresa con el hombre que será el padre de su hijo y se la enseña. Entonces, cuando hacen el amor con la intención de concebirlo, en algún momento cantan su canción, como una forma de invitarlo a venir.

Cuando la madre está embarazada, enseña la canción del niño a la gente del lugar, para que cuando nazca, las ancianas y quienes estén a su lado, le canten para darle la bienvenida.

A medida que el niño va creciendo; cuando el niño se lastima o cae o cuando hace algo bueno, como forma de honrarlo, la gente de la tribu canta su canción.

Hay otra ocasión en la que la gente de la tribu le canta al niño.
Si en algún momento de su vida, esa persona comete un crimen o un acto socialmente aberrante, se lo llama al centro de la villa y la gente de la comunidad lo rodea. Entonces le cantan su canción.

La tribu reconoce que la forma de corregir un comportamiento antisocial no es el castigo, sino el amor y la recuperación de la identidad.

Cuando uno reconoce su propia canción, no desea ni necesita hacer nada que dañe a otros.

Y así continua durante toda su vida.

Cuando contraen matrimonio, se cantan las canciones juntas.
Y finalmente, cuando esta persona va a morir, todos en la villa cantan su canción, por última vez, para él.


Comentarios

Me impactó  la fuerza que se le da en estos ritos al "sonido personal", al contacto que la persona puede hacer con su propia vibración. Buscar que los hijos conecten con esa sonoridad única que será su forma de ser personal y lo acompañará durante toda su vida. 
Una forma de ser que nace del deseo de vida de los padres, para convertirse en un estilo personal de vivir.

En esta tribu, ese brillo propio parece ser clave, ya sea para ser mirado y honrado por el grupo, como para reparar los errores y cuidarse en situaciones de riesgo. 

Implica confiar en que en el interior de la persona está su talento y su posibilidad para autorealizarse. 

En lugar de apelar al control, al castigo, al reproche, a generar miedo o culpa, se lo confronta al hijo con su propia sonoridad, con su propio ser y eso es a lo que se apela para que se dé cuenta de que en ese acto ha ido en contra de sí mismo.

Lo sabio del ritual creo que es confiar que adentro de cada hijo está la solución a sus conflictos y que para eso lo necesario es ayudar a conectar a ese hijo con el propio valor. Así irá logrando ser cada vez más coherente con su pensar, con su sentir y con su actuar. Así la familia y el grupo de pertenencia funcionan como una caja sonora que le devuelve en eco lo que el hijo es desde sus orígenes y le permite estar conectado consigo mismo y no cumpliendo solamente con expectativas externas.

En la crianza se correlaciona con la validación que podemos hacer los padres de nuestros hijos. Un hijo validado, esto significa que siente que sus padres confían en su riqueza personal, que miran y valoran su ser, más allá de sus transgresiones, caprichos o aspectos vulnerables que presente en su historia, es un hijo que construye el amor a si mismo. 

Al confiar más en la fuerza de la propia identidad que en el control, esos límites que en una primera infancia sirven para organizar, tanto el tiempo y sus rutinas, como el espacio y su organización, se irán convirtiendo en un diálogo que se nutre de la confianza y del amor entre padres e hijos. Un hijo valorado, mirado como alguien valioso, irá aprendiendo a cuidarse a sí mismo en la vida cuando sus padres no estén presentes.  

Se trata de educar a nuestros hijos para esos momentos en los que nosotros no estemos.

Hoy los padres en algunas familias, controlamos a los hijos hasta en sus experiencias y elecciones universitarias. Eso infantiliza al hijo, creando una fuerte dependencia con respecto a la familia de origen. Hijos que son universitarios pero que se sienten hijos no confiables para sus padres.¿Será ésta una de las razones por las cuales los hijos demoran la partida de la casa de los padres, porque ese control no les permite ensayar formas personales de crecer sino que siguen respondiendo al control  parental?    
Aunque sea oponiéndose como adolescentes pero en el fondo mostrando una dependencia más fuerte que la necesidad de autonomía.

En este circuito de control-desconfianza el sonido del hijo se desdibuja para pasar a jugarse un juego relacional de oposición y enfrentamiento con los padres, en un periodo en el que la juventud no llega y la adolescencia se prolonga.

Para revertir el sobre control parental que generalmente viene del miedo, nos ayudaría aprender de estos saberes antiguos. Intentar mirar estas costumbres tribales que portan esa sabiduría ancestral que le devuelve a los hijos una experiencia relacional constructiva. Un vinculo que afianza. 

Podremos aprender de ellos. De la confianza básica que brinda una familia y una comunidad  que mira al hijo como alguien especial, único, digno de confianza y lo suficiente luminoso para que tenga que cuidarse y desear por sobre todo crecer, convertirse en un adulto que busque y desee su propia felicidad.

Una familia que acompaña para que ese sonido originario cada vez suene más fuerte.

Saludos para todos

Matías

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