¿A quién le estamos enseñando?
Diariamente, tanto a los docentes como a los padres, se nos hace ardua la tarea de educar. Nos desconcertamos ante los cambios que las nuevas generaciones nos muestran en sus conductas cotidianas.
Entre nosotros y nuestros alumnos o nuestros hijos hay una distancia generacional inevitable. Y esa brecha que nos sorprende y nos deja perplejos, puede separarnos de ellos y alejarnos de sus intereses, de sus deseos y de sus motivaciones más profundas, en sí, de quienes ellos son.
El riesgo en la educación actual es que entre docentes, padres y alumnos/hijos se genere un profundo desencuentro que no nos permita educar o criar y que a ellos les impida atravesar experiencias de aprendizaje significativas o los deje a la intemperie en un mundo complejo.
Este desencuentro es, creo yo, un desencuentro de expectativas. Los docentes esperamos que ocurra algo en el aula que no ocurre y quizás por eso, nos perdamos de ver lo que nuestros alumnos pueden generar, su estilo de aprendizaje y su creativa forma de pensar.
Como consecuencia de los vertiginosos cambios que ha producido la revolución cibernetica, parece estar surgiendo un nuevo modo para aprender, una nueva forma de ser alumno. Y quizás por seguir esperando que nuestros alumnos sean de esa forma ideal que pretendemos que sean, no vemos lo que nuestros alumnos son, sus potenciales, sus profundas aptitudes y capacidades.
Queremos que se parezcan a lo que nosotros fuimos y en esta expectativa creo que radica unas de las profundas dificultades de la educación actual. ¿Porque tendrían que ser como nosotros si nacieron después de una de las grandes revoluciones de la humanidad como ha sido el descubrimiento de la informática y de la cibernética?
Es necesario que los docentes revisemos las representaciones y las creencias que tenemos sobre nuestros alumnos. Muchas veces los criticamos porque no cumplen con las expectativas que tenemos de ellos. Pero estas expectativas son ideales, se corresponden con un estilo de alumno que nosotros hemos sido hace ya varios años y que poco se parece al estilo de aprendizaje de nuestros nuevos alumnos actuales. Si compartimos que el modo de ser de los alumnos ha cambiado y que se está modificando la forma de aprender, parecería ser profundamente necesario un cambio de paradigma en la educación. Una revolución educativa. Y de esto habla Ken Robinson (educador ingles) en el siguiente video.
En palabras de Ken Robinson "El problema es que tratan de llegar al futuro, haciendo lo que hacían en el pasado...";"...El problema es que el actual sistema educativo fue diseñado y concebido y estructurado para una época diferente."
Cambiar el paradigma en educación para ajustarlo a las necesidades de nuestros alumnos, implica volver a pensar tambien el concepto de inteligencia. ¿Es inteligente el alumno que cumple con las habilidades académicas basicas? ¿Hay alumnos que están por fuera de los standares educativos actuales y que poseen una inteligencia superior o significativa? Sería grave si comprobamos lo que varios autores están enunciando y que es que en la escolaridad actual fracasan alumnos que tienen un alto nivel de pensamiento y un alto potencial creativo y de pensamiento divergente. Recomiendo para este tema el siguiente libro tambien de Ken Robinson: "El Elemento". Ed Grijalbo (2010)
El autor propone que podamos ayudar a que nuestros alumnos encuentren esa area de la identidad en la que convergen la aptitud y la pasión y que él denomina el elemento personal. Y relata en el libro varios casos de genios de distintas disciplinas que han fracasado en la escolaridad y que han encontrado ese elemento personal una vez finalizado sus estudios o por fuera de la institución escolar.
Pero para que los docentes podamos afrontar un cambio y lograr estar más satisfechos con la tarea quizás tengamos que enfrentarnos a una tarea de duelo. Un duelo por ese alumno ideal que deseamos que exista y que no surge, para encontrarnos verdaderamente con nuestros alumnos reales. Con el ser de ese otro al que le queremos enseñar. Dice Fernando Barcena Orbe (pedaogo español) que los docentes tenemos que atravesar un "aprendizaje de la decepción” (Bárcena Orbe, 2009).
Y es desde esa decepción que podemos construir un aprendizaje posible, adecuado a las motivaciones del otro , que se integre con la nueva forma de pensar, sentir y hacer de nuestros "nuevos alumnos". Y así quizás podamos encontrarnos. Sino mantendremos una distancia defensiva que solo mantendrá en la educación todo como está.
Matías Muñoz
Entre nosotros y nuestros alumnos o nuestros hijos hay una distancia generacional inevitable. Y esa brecha que nos sorprende y nos deja perplejos, puede separarnos de ellos y alejarnos de sus intereses, de sus deseos y de sus motivaciones más profundas, en sí, de quienes ellos son.
El riesgo en la educación actual es que entre docentes, padres y alumnos/hijos se genere un profundo desencuentro que no nos permita educar o criar y que a ellos les impida atravesar experiencias de aprendizaje significativas o los deje a la intemperie en un mundo complejo.
Este desencuentro es, creo yo, un desencuentro de expectativas. Los docentes esperamos que ocurra algo en el aula que no ocurre y quizás por eso, nos perdamos de ver lo que nuestros alumnos pueden generar, su estilo de aprendizaje y su creativa forma de pensar.
Como consecuencia de los vertiginosos cambios que ha producido la revolución cibernetica, parece estar surgiendo un nuevo modo para aprender, una nueva forma de ser alumno. Y quizás por seguir esperando que nuestros alumnos sean de esa forma ideal que pretendemos que sean, no vemos lo que nuestros alumnos son, sus potenciales, sus profundas aptitudes y capacidades.
Queremos que se parezcan a lo que nosotros fuimos y en esta expectativa creo que radica unas de las profundas dificultades de la educación actual. ¿Porque tendrían que ser como nosotros si nacieron después de una de las grandes revoluciones de la humanidad como ha sido el descubrimiento de la informática y de la cibernética?
Es necesario que los docentes revisemos las representaciones y las creencias que tenemos sobre nuestros alumnos. Muchas veces los criticamos porque no cumplen con las expectativas que tenemos de ellos. Pero estas expectativas son ideales, se corresponden con un estilo de alumno que nosotros hemos sido hace ya varios años y que poco se parece al estilo de aprendizaje de nuestros nuevos alumnos actuales. Si compartimos que el modo de ser de los alumnos ha cambiado y que se está modificando la forma de aprender, parecería ser profundamente necesario un cambio de paradigma en la educación. Una revolución educativa. Y de esto habla Ken Robinson (educador ingles) en el siguiente video.
En palabras de Ken Robinson "El problema es que tratan de llegar al futuro, haciendo lo que hacían en el pasado...";"...El problema es que el actual sistema educativo fue diseñado y concebido y estructurado para una época diferente."
Cambiar el paradigma en educación para ajustarlo a las necesidades de nuestros alumnos, implica volver a pensar tambien el concepto de inteligencia. ¿Es inteligente el alumno que cumple con las habilidades académicas basicas? ¿Hay alumnos que están por fuera de los standares educativos actuales y que poseen una inteligencia superior o significativa? Sería grave si comprobamos lo que varios autores están enunciando y que es que en la escolaridad actual fracasan alumnos que tienen un alto nivel de pensamiento y un alto potencial creativo y de pensamiento divergente. Recomiendo para este tema el siguiente libro tambien de Ken Robinson: "El Elemento". Ed Grijalbo (2010)

El autor propone que podamos ayudar a que nuestros alumnos encuentren esa area de la identidad en la que convergen la aptitud y la pasión y que él denomina el elemento personal. Y relata en el libro varios casos de genios de distintas disciplinas que han fracasado en la escolaridad y que han encontrado ese elemento personal una vez finalizado sus estudios o por fuera de la institución escolar.
Pero para que los docentes podamos afrontar un cambio y lograr estar más satisfechos con la tarea quizás tengamos que enfrentarnos a una tarea de duelo. Un duelo por ese alumno ideal que deseamos que exista y que no surge, para encontrarnos verdaderamente con nuestros alumnos reales. Con el ser de ese otro al que le queremos enseñar. Dice Fernando Barcena Orbe (pedaogo español) que los docentes tenemos que atravesar un "aprendizaje de la decepción” (Bárcena Orbe, 2009).
Y es desde esa decepción que podemos construir un aprendizaje posible, adecuado a las motivaciones del otro , que se integre con la nueva forma de pensar, sentir y hacer de nuestros "nuevos alumnos". Y así quizás podamos encontrarnos. Sino mantendremos una distancia defensiva que solo mantendrá en la educación todo como está.
Matías Muñoz


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